sábado, 28 de octubre de 2017

Gordo

Iba caminando por mi nuevo barrio, hacia mi nuevo hogar, observando las casas, edificios y tiendas que se convertirán pronto en una rutina visual para mí, y algo me llevó a detenerme y entrar a husmear en la librería, mi nueva vecina de papel. Eché un vistazo general a las estanterías sin un interés claro, y como un imán hacia el metal mis ojos se movieron directamente hacia él: GORDO, de Jesús Ruiz Mantilla. En la portada se puede ver a un niño gordo con cara de picarón comiéndose feliz un helado de fresa y su contraportada anuncia lo esperado: la historia de un gordo. Acto seguido, como buena señora desconfiada que soy, me dispuse a verificar en mi móvil que su autor fuese gordo: no pensaba comprar un libro sobre gordos escrito por un flaco, ¡No way baby! Googleo entonces “Jesús Ruiz Mantilla”: “Escritor y periodista de El País…”, vale… Vamos a “Imágenes”… y ¡tachán! Internet me devuelve un fisco de esperanza en la humanidad: efectivamente, Gordo está escrito por un gordo… ¡Yupi! 

Nunca había oído hablar de él en estos 4 años de activismo gordo ¡y eso que la novela fue publicada en el 2005! Este detalle me trajo nuevas dudas, pero la intriga por leerlo me ganó, así que -decidida a hincarle el diente- me lo compré igual, y lo cierto es que como buena gorda que soy, ¡ME LO HE ZAMPADO! He devorado sus páginas como me devoro un plato de papas fritas.

El Gordo de esta historia se llama Ramón, iba para Monchito pero se quedó en Monchón debido a la cantidad de kilos de existencia que siempre ha llevado a cuestas. Monchón habla constantemente de comida. Su gusto por la misma y su cuerpo gordo (emergido en la indescifrable frontera entre la genética y la construcción sociocultural) entretejen cada rincón de su identidad, su personalidad e historia, siendo la gordura la gran protagonista en su nacimiento (en el que cuenta haber reventado las trompas de falopio de su madre con sus cuatro kilos), hasta en su profesión: nuestro gordo es un reconocido crítico gastronómico que publica sus críticas en un periódico. Como cualquier ser humano, Monchón tiene un amor pendiente, un trabajo con un jefe de mierda, una madre preocupada, una infancia complicada y un amigo cómplice. Como cualquier gordo, Monchón sufre el estigma interior y exterior sobre su cuerpo gordo, un comportamiento inevitable en una sociedad gordofóbica que erige al cuerpo delgado como normativo, deseable y exitoso, condenando al gordo a la exclusión, la baja autoestima y la (auto)destrucción: 

«Siempre me he visto en el límite y el límite ensancha y ensancha sin parar, neutralizando la frontera anterior. Cuando usaba la talla 40 creía que aquello era ya el acabose; hoy, que uso la 62, pienso lo mismo. Entre todos me inculcaron un miedo atroz a explotar: "Vas a explotar, vas a explotar, pero qué bruto eres, ¿otro plato? Vas a estallar". Toda aquella música resuena dentro de mi cabeza como una letanía.»

Gordo es una novela sencilla, una historia sencilla, probablemente incomprensible e insulsa para el lector o lectora fit, pues su gracia y encanto radica en el desgrano de los pensamientos de su personaje principal, en la desnudez de su alma gorda, con la que el lector o lectora gord@ se sentirá identificad@: su relación con la comida, el efecto de los insultos en el autoconcepto y autoestima, la obsesión del mundo con clavar la dieta sobre nuestro cuerpo, el proceso mental estresante en el que nos embarcamos cuando les obedecemos, la relación tóxica con la báscula, la desconfianza en lo que tiene que ver con lo afectivo-sexual, el miedo a pisar una tienda de ropa, la sensación de ser una diana hipervisible en la calle y sin embargo invisible como ser humano, el pánico a subirse a una moto y a ocupar determinados espacios… ¡y la salvación en la música! (esto me recordó a Rae en My Mad Fat Diary encontrando paz en el rock). Para Monchón el último resquicio que nos queda a l@s gord@s es la ópera, la cual ve como refugio, como el único espacio en el que somos respetad@s protagonistas: 

«La ópera es el único fortín que nos queda a los gordos para ser respetados en ciertas artes (…) conserva nuestra autoestima en este mundo ultramoderno y anoréxico (…) que quiere poner cadenas eternas al disfrute y ahogar el espíritu de Epicuro, que no hacía daño a nadie, el pobre, con su creencia ciega en el placer como forma de equilibrio social.»

En resumen, Gordo es una voz gorda entre tanto silencio flaco, una voz bastante sarcástica, por cierto- no podía faltar el humor característico del gordo. No es una historia grandilocuente tampoco: la gente gorda no somos héroes ni heroínas de nada aún. En estas páginas sólo nos encontramos –que no es poco- una historia muy parecida a la de cualquier gord@ y un pequeño tesoro que sólo nosotr@s l@s gord@s podremos apreciar: el sentirnos, por fin, identificad@s con un personaje protagonista, con sus virtudes y sus miserias, sus dolores y alegrías, y sobre todo: con su amor por la comida. 


Para finalizar, una crítica constructiva a Jesús Ruiz Mantilla: el diálogo difamando a la gente vegetariana era innecesario, querido Gordo... ¡Existimos gordivegans y todo!*



*Atención: para l@s veggies que quieran leer este libro ¡cuidado con la sensibilidad! Muchos de los platos que son descritos en esta obra implican sufrimiento animal. Está claro que nadie es perfecto.

lunes, 16 de octubre de 2017

ABUELA

partí en agosto
(no sólo las aves migran)
quedé colgada en tu pared
con la mirada perdida

un mar inmenso 
de agua y de tiempo
traza las heridas 
de una lejanía incomensurable

ojalá pudiera salvarte


con flores de papel
pasteles de membrillo
y mimos de chocolate

ojalá pudiera salvarme


y, abrazándote,
atajar las garras 
de este devenir irrefrenable.

Vos me preguntás:
¿quién nos devolverá estos años?
y yo sólo puedo dejar
que hable el silencio.

Vos me preguntás:
¿quién nos devolverá estos años?