Dedicado al multimilitante y fatactivista Carlos Savoie,
por todos los debates y las confesiones nocturnas,
y por ayudarme a autodenominarme Gorda.
M. Piñeyro
 |
Mi talla, mi salud, tus asuntos | |
|
Cuando mi compañero de trincheras fatrevolucionarias Carlos Savoie comenzó con sus charlas en contra de la fatfobia o gordofobia, lo primero que le decían las asistentes era que "no se puede defender la gordura porque es mala para la salud".
Sin embargo, detrás de nuestro activismo no se esconde una defensa de la gordura per se:
"La
aceptación de los gordos no significa abogar por la gordura. La
aceptación de los gordos habla de rechazar una cultura que nos lleva a
sentir rabia y a fustigar nuestros cuerpos, incluso a odiarlos, buscando
el camino certero. Se trata de poner nuestras propias fronteras y
conocernos, y tomar decisiones inteligentes sobre cómo vivir y tratarnos
a nosotros mismos, y defender con fiereza la privacidad de esas
decisiones. Se trata de divulgar la idea de que cualquier cosa que hagas
con tu cuerpo debe venir desde el amor propio y el cuidado de sí mismo,
y no desde la culpabilidad, los (pre)juicios de los demás, o del
castigo. Se trata de demandar que todos los cuerpos, sin importar su
apariencia, edad o capacidad, sean tratados con respeto y dignidad." (2)
La fatfobia y el fatactivismo son temas muy poco tratados aún tanto a nivel político como social, e incluso dentro de los ámbitos más combativos de los feminismos y los movimientos LGTBIQ, la mayoría de las veces relegadas a una cuestión individual o a una cuestión indefendible porque ¡oiga! ¡la delgadez es una cuestión de salud! (discurso muy parecido, por cierto, a eso que siempre se dijo de que la "homosexualidad era antinatural"). La gordofobia es una discriminación de esas invisibles, de esas sobre las que aún no se ha tomado la suficiente conciencia, de esas a las que aún no le hemos visto toda su envergadura.
Sin embargo, poco a poco, se van vislumbrando distintas luchas -tanto individuales como colectivas- que buscan dar voz a este grupo social discriminado (
blogs,
artículos,
proyectos artísticos...); y es que la discriminación a las gordas es totalmente transversal en cuanto a espacios político-sociales, laborales, artísticos, etc., pues la imagen (prototipada) se ha convertido en la más importante carta de presentación para cualquier actividad en esta sociedad y motivo primordial de éxito o fracaso en la misma.
Por mi parte, considero de suma importancia plantearnos derrumbar los siguientes discursos, muy populares en lo que a la gordofobia respecta:
1. Gordura y capitalismo

Lejos de los planteamientos más frecuentes que asocian la gordura con la
riqueza (por ejemplo las imágenes en que las personas con sobrepeso son utilizadas como metáfora del capitalismo), el sobrepeso abunda en las clases bajas: ¿cuántas niñas ricas gordas hemos visto? Muy pocas o ninguna probablemente. Sin embargo, no se utiliza como símbolo del capitalismo a una mujer u hombre completamente cuidado por sus spa, sus operaciones estéticas, sus
personal trainers, con su gimnasio o piscina en su propia casa, con sus dietas equilibradas porque tienen suficiente dinero y tiempo para controlar al 100% su alimentación.
2. Gordura y salud.
Como planteaba al principio, el tema de la salud es de los más trillados a la hora de debatir estas cuestiones. Siempre que sale a la luz el debate sobre la gordofobia, aparece algún "alma caritativa" que se encarga de recordarnos que estar en forma es una cuestión de salud, como si esos consejos para los gordos se dieran desde una buena voluntad
de la ciudadanía para protegernos e invitarnos a cuidar de nuestra salud. Esto no es más que un acto de gordofobia más: ni la
delgadez ni la gordura tienen por qué ser síntomas de buena o mala salud
(2) y son numerosos los factores a tener en cuenta para diagnosticar o no buena salud. Es curioso, porque muy pocas personas podrían dar fe de llevar una vida completamente sana, sin embargo sólo a las gordas se nos tacha de insanas: ¿y emborracharse todos los fines de semana? ¿y el tabaco? ¿y las horas sentadas delante de los ordenadores o la televisión? ¿y el consumo de azúcar, café, refrescos? ¿esto es monopolio de los gordos también?
Hace un tiempo leí una historia que contó una chica en un foro: "Siempre que iba a las reuniones familiares toda mi familia me preguntaba cuándo iba a ponerme a dieta (es que tengo un poco de sobrepeso). Ahora resulta que una de mis primas, a la que no le decían nada de su aspecto porque estaba delgada, tiene anorexia, y nadie se había dado cuenta". Me impactó completamente la anécdota porque denota hasta qué punto es la gordura una obsesión, y una obsesión estética, por más que insistan en lo contrario.
"Desde 1694 con la primera descripción clínica de un cuadro de anorexia
nerviosa, los trastornos alimentarios han aumentado en incidencia,
pasando del 1% al 16% y constituyendo la tercera causa de enfermedad
crónica en adolescentes y niños, después del asma y la diabetes. (...) son demasiados los testimonios de niñas y jóvenes que mencionan
como factores de riesgo y detonantes en su trastorno alimentario
experiencias bullying en el entorno escolar y rechazo sentimental por su
aspecto y su peso" (3)
La crítica a la gordura no es por salud sino por norma, y no es una crítica constructiva sino discriminatoria y segregadora. Lo que nos está enfermando, precisamente, es la obsesión por nuestra figura, por nuestro cuerpo, por cumplir con el prototipo, con esa norma estética ampliamente aceptada. Obsesionadas con la delgadez y con la "belleza" como centro del valor social, el bullying gordofóbico es una de las discriminaciones que más incide en las enfermedades relacionadas con la alimentación (anorexia, bulimia...); y es que como dijo el humorista Dave Barry: "Se dejarían de vender cigarrillos si en las advertencias de las cajetillas pusiese FUMAR ENGORDA".
3. Gordura y Autocontrol
El autocontrol es otro de los guiños gordofóbicos. Parece que ser gorda es una cuestión de falta de control sobre la comida, algo así como una viciosa que no sabe hallar el aristotélico justo medio entre las cosas. Es curioso como la modosería está tan valorada en nuestra sociedad, sobre todo en lo que a la comida y al sexo respecta: cualquier persona que se salga de la norma, se convierte en una viciosa descontrolada atrevida a la que hay que enderezar (aún más si es mujer).
Esto tiene cierta reminiscencia a distintas corrientes filosóficas (algunas eclesiásticas) con una fuerte presencia en el imaginario colectivo, las cuales pregonan la superioridad de la razón sobre el cuerpo, el control de la mente sobre los placeres, como si al dejarnos llevar por lo carnal nos convirtiéramos en animales, seres alejados de lo propiamente humano que es el autocontrol y el poder del raciocinio; ese raciocinio que parece que nos fue regalado en algún momento por un tal Dios, cuyo dictámen debemos cumplir o sino emprendernos a latigazos, a fustigarnos eternamente... ¡Vaya, vaya, -pues- con las gordas ateas y viciosas!
De la invisibilización...
Mi compañero Carlos Savoie me dijo una vez: "Mery: las gordas, en vez de en armarios, estamos metidas en jaulas de cristal". Ser gorda es indisimulable. Ser gorda es presencia continua, es hipervisibilidad. No podemos escondernos. No podemos serlo sólo un ratito. Ser gorda implica serlo 24 horas al día, siete días a la semana, por lo tanto implica el mismo tiempo de miradas en la nuca y cuchicheos taladrantes en nuestra autoestima, porque una gorda, sea en el espacio que sea,
es siempre visible, es el blanco y punto de mira.
Paradójicamente, tan visibles en el mundo real, es decir, en el día a día, nos convertimos en invisibles en otros mundos: nunca una gorda será la protagonista de una película (salvo que trate sobre su condición de gorda), nunca un gordo será héroe de una novela, sólo en casos excepcionales una gorda es protagonista de fotografías, lienzos o esculturas, por no hablar de las casi nulas oportunidades de aparecer erotizada sin provocar una carcajada en el delgado espectador gordofóbico.
La gordofobia es tal, que hasta no nos atrevemos a autodenominarnos GORDAS. Y cuando a una le quitan hasta el nombre sin que reaccione ante ello, algo gordo está pasando.
... a la visibilización fatrevolucionaria:
STOP GORDOFOBIA
A Carlos se le ocurrió proyectar nuestras visiones, debates y luchas en una página de Facebook, con la idea de que todas las personas hagamos visibles nuestras experiencias diarias de hipervisibilidad e invisibilidad, y así poder crear una red de apoyo entre las gordas -tan necesaria como urgente- a la par que ir cambiando y derribando los discursos gordofóbicos.
La página se llama
"Stop Gordofobia" y en sólo una semana hemos conseguido cerca de 1000 seguidores y seguidoras (aunque yo preferiría llamarles "compañeras de trinchera").
Esto es sólo el comienzo.
(1) Leído en inglés en internet, lamentablemente no conozco su autoría.
(2) Por poner un ejemplo, yo, gorda, no he tenido el colesterol alto en mi
vida, sin embargo tengo amigas delgadas que sí lo han tenido.